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Douarnenez, el finisterre bretón

Douarnenez, el finisterre bretónLa bahía de Douarnenez, que tiene 21 kilómetros de largo y 15 kilómetros en su parte más ancha, vivió su esplendor en el siglo XIX, aunque su poderío económico hizo que se produjeran las primeras revueltas sociales. Las mujeres “contratadas” en las fábricas conserveras protestaban por un salario digno ya que trabajaban más de 80 horas durante la semana y sólo tenían derecho a cobrar cuando alcanzaban el número de mil sardinas preparadas para la conserva. Este hecho culminó con la fundación del partido comunista en 1921 -Douarnenez fue la primera ciudad comunista de Bretaña- y cuatro años después en la consecución del derecho a la percepción de un salario mensual. Si embargo, el declive económico fue creciendo a lo largo del siglo XX -ya sólo quedan tres conserveras activas en 2009- y hoy por hoy la zona vive fundamentalmente del turismo.

Los interesados en la antigua actividad pesquera y conservera de Douarnenez pueden pasar por el Museo del Puerto. En su interior se habla de la historia de estas industrias, pero también se disfruta de una magnífica colección de barcos. Algunos de ellos están expuestos en los muelles y pueden ser visitados más detenidamente. Otra opción es acercarse a la Isla de Tristán, casi unida a la tierra, que guarda numerosas leyendas como la del propio Tristán e Isolda o la de un popular ermitaño llamado Tu Tuarn.

Desde Douarnenez es imprescindible realizar una excursión a la costa norte del Cabo Sizun, una de las más silvestres de Bretaña, que ofrece una vista maravillosa sobre toda la bahía. Una gran parte de esta joya del litoral fue adquirida por el Departamento de Finisterre para preservar su estado natural. Algunos mercadillos y varias construcciones fueron retirados y hoy aparece ante el turista como un lugar privilegiado donde algunas raras especies, como la gaviota tridáctila, la chova piquiroja o el arao común han conseguido reproducirse. Un paseo entre los brezos salvajes y las brillantes aulagas en esta tierra del fin del mundo que se lanza sin remedio al océano no defrauda ante la presencia de la estatua de Nuestra Señora de los Náufragos.

Si las sardinas propiciaron el auge de Douarnenez, el lino fue el que permitió el desarrollo de la cercana y encantadora Locronan, en la que creerás estar viviendo en plena época medieval. Todo está tan cuidado que parece que no es real. Siéntate en alguna de las terrazas de la Grand Place y con una breitzh cola (el refresco de la Bretaña) en la mano admira laiglesia de Saint Ronan y la chapell du Penity, ambas del siglo XV. En Locronan hay muchas tiendecitas con productoslocales, sobre todo deliciosas conservas de pescado y patés.

El destino más visitado de la península es la Punta del Raz, el único lugar de Bretaña que tiene la denominación de Gran Site de France, loada por Flaubert y Victor Hugo en sus obras. Desde este peñón granítico las vistas hacia los faros, como el de Armen, y la isla de Sein son toda una delicia. Y es que este misterioso islote, que reúne una población de 120 habitantes, emerge del océano para mostrar sus estrechos callejones y sus legendarios megalitos. Se puede acceder a la isla desde Audierne, otro importante enclave bretón en la pesca de bajura. l

La Pointe St. Mathieu es un lugar mágico y misterioso cuando la bruma cubre el faro y los restos de la vieja abadía se ven en lo alto del acantilado. Un escenario de leyenda.

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septiembre 20, 2009 - Posted by | Turismo, Viajar | ,

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