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Berlín, veinte años sin Muro

Berlín, veinte años sin MuroCuando se cumplen 20 años de la caída del Muro, Berlín ha renacido como una gran metrópoli del siglo XXI, nueve veces más grande en extensión que la mismísima París. Aunque su trágico pasado se palpa en muchas de sus calles, la ciudad aparece fresca, libre y multicultural como gran foco consolidado de las tendencias más modernas. Incluso la mayoría de los jóvenes ni se acuerda de la barrera de 167,8 kilómetros que separaba dos maneras de concebir el mundo, el llamado por algunos “Muro de la Vergüenza”, hoy casi inexistente en la capital alemana.

Y es que en pleno aniversario de la destrucción del Muro -el 9 de noviembre se cumplirá la efemérides- no resulta fácil encontrar restos de aquel sistema fronterizo escalonado de muros, alambres de espino que separó el Este del Oeste berlinés. Los ciudadanos que alcanzan ahora la mayoría de edad tienen alguna ligera idea de este gran drama del siglo XX por las películas o por las fotografías que, eso sí, inundan toda la capital alemana, pero aparte de los cientos de miles de trocitos que guardan los coleccionistas privados en Nueva York o la vieja Europa en muy pocos lugares de este Berlín cautivador y vivo quedan documentos de piedra auténticos ya que la mayoría desapareció en la gran fiesta de alegría vivida durante el derrumbe y los días sucesivos. El trozo más grande del Muro original, de unos 1.200 metros, se conoce como East Side Gallery. Está situado en la Mühlenstrasse del distrito de Friedrichshain y fue pintado en 1990 por artistas de 21 países.

En el corazón de la ciudad, donde en tiempos existía un trazado de casi 40 kilómetros, el visitante puede observar una doble fila de piedras adoquinadas que marca el trazado del muro a lo largo de casi 6 kilómetros y en algunos puntos concretos se encuentran unas placas metálicas, situadas también en el suelo, con la inscripción “Berliner Mauer 1961-1989” (El Muro de Berlín 1961-1989). En realidad, esta barrera que empezó a ser levantada el 13 agosto de 1961 tenía un desarrollo doble. Existía un Muro fronterizo hasta el Oeste de Berlín y otro, denominado Muro de Interior, que daba hacia el Este de la ciudad, pero con el paso de los últimos años la fila de piedras ya no es completa.

El anterior trazado del Muro sí se puede encontrar fácilmente alrededor de Postdamer Platz y la Puerta de Brandeburgo. En los alrededores del gran símbolo histórico berlinés los turistas siguen concentrándose para tomar fotografías del monumento y de los “osos”, el otro referente popular de la ciudad. Muñecos y visitantes posan pacientemente delante del oficial que continúa sellando los pasaportes que “certifican” que se ha cruzado la vieja frontera. Este lugar emblemático será, el próximo 9 de noviembre, escenario de una gran fiesta con varios actos multitudinarios. En uno de ellos, decenas de alumnos de las escuelas berlinesas formarán mil fichas de dominó, de 1,30 metros de alto y 80 centímetros de ancho, simbolizando los bloques del Muro. Las piezas se tumbarán para que caigan sucesivamente por algunas calles de la ciudad, localizadas en el anterior trazado de la frontera, que tendrán que ser cerradas temporalmente por este original “efecto dominó”. Las últimas fichas caerán en la Puerta de Brandeburgo provocando un gran espectáculo de fuegos artificiales. Este fin de fiesta berlinés también estará protagonizado por Daniel Barenboim que dirigirá un concierto exclusivo junto al monumento que mandara construir en 1789 el rey Federico Guillermo II.

A solo unos metros de la histórica Puerta que preside la diosa Victoria en su cuadriga, otra cola de gente, la que se forma en el Reichstag, permite disfrutar en la actualidad de la cúpula de cristal que ideó Norman Foster en el histórico Parlamento. Conviene madrugar para evitar largas esperas, aunque otra opción es almorzar en el restaurante interior del edificio (por unos 50 euros) al que se accede por una puerta diferente y seguir a continuación la visita del edificio.

Junto al Reichstag, el nuevo barrio gubernamental y parlamentario es toda una delicia pensando, sobre todo, que este punto donde ahora los barcos de turistas llenan el río Spree fue uno de los lugares favoritos para intentar las fugas a nado durante la Guerra Fría (al menos 136 personas perdieron la vida en los intentos por escapar de la RDA y en esta zona algunas cruces lo recuerdan). Hoy este conjunto que ha sido bautizado con el nombre del “Lazo de la Confederación” tiende puentes por el río, uno de ellos lo firma el español Santiago Calatrava, formando un vínculo entre la Cancillería y las oficinas de los diputados germanos y, de una manera simbólica, entre el Oeste y el Este berlinés y, en definitiva, de las dos Alemanias.

A solo unos metros de la Puerta de Brandeburgo y muy próximo a Tiergarten, el pulmón berlinés, se encuentra el Memorial del Holocausto. Ningún monumento en Alemania ha provocado tantas polémicas y discusiones como este conjunto de 2.711 bloques de hormigón de diferentes alturas. Está ubicado en los terrenos de la antigua sede del Gobierno de Hitler (un gran panel gráfico muestra como eran sus dependencias) en una superficie de 20.000 metros cuadrados -una extensión similar a dos campos de fútbol- y es obra del arquitecto judío estadounidense Peter Eisenman. Se inauguró en mayo de 2005 y simula un cementerio en recuerdo de los seis millones de víctimas del terror nazi. A nadie deja indiferente el campo de estelas, aunque otros no lo valoran por su escaso interés arquitectónico.

El célebre Checkpoint Charlie, otro punto histórico de imprescindible visita, guarda todavía una réplica del cartel que avisaba de la entrada o salida del sector norteamericano o del sector soviético. Era la frontera entre los dos mundos enfrentados, donde se halla hoy un museo dedicado a quienes trataron de escapar y sobrepasar el difícil obstáculo. Olav, el guía que nos conduce a este cruce berlinés, comenta que no soporta el “teatro” que se organiza en plena calle para que los turistas inmortalicen a soldados de un bando y otro en imágenes para el recuerdo. “Este es un lugar muy serio -afirma Olav-, aquí los tanques norteamericanos y rusos estuvieron a punto de enfrentarse y de cambiar la suerte de la Guerra Fría, y fue sobre todo una frontera donde murieron muchos hombres que deseaban la libertad. Hay que evitar este desorden con tanta gente luciendo uniformes militares y banderas, pero todavía no está claro si las autoridades van a levantar un nuevo museo o un monumento para que este ‘espacio de nadie’ quede ocupado”.

La visita de esta ciudad que indudablemente ha borrado muchas de las heridas de su luctuosa historia puede concluir en Potsdamer Platz. El corazón palpitante del Berlín de los años 20, donde estuvo la primera estación de trenes del país, se ha convertido, después del “letargo”, en un punto de encuentro de los más famosos arquitectos y urbanistas del mundo. En esta plaza, que sigue luciendo una réplica del primer semáforo luminoso que regulaba el tráfico de vehículos, estuvo el bunker donde Hitler vivió sus últimos días. Tras el derrumbe de 1989 se colocó el primer trozo del Muro desmantelado que queda ahora frente a las dos grandes torres de casi cien metros y la espectacular cúpula de cristal y acero del Sony Center, símbolos del nuevo Berlín.

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octubre 9, 2009 - Posted by | Berlín, Turismo, Viajar |

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