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Carnavales de Cádiz

El Carnaval de Cádiz, documentado desde finales del siglo XVI, es la fiesta por excelencia de la ciudad. Las chirigotas y comparsas atraen cada año a miles de turistas, deseosos de compartir la alegría que se respira en esta ciudad andaluza. Hay que apuntarlo en la agenda: del 11 al 21 de febrero hay una cita con el Carnaval de Cádiz, todo un evento que cuenta con la denominación de fiesta de Interés Turístico Internacional. Durante diez días, entre el jueves anterior al Miércoles de Ceniza y el domingo siguiente, el Domingo de Piñata, los Carnavales toman las calles gaditanas.

Participación de toda una ciudad

El espíritu del Carnaval atrapa a todos los vecinos de la ciudad, una tradición que se inculca desde pequeño y que se transmite de generación en generación. Las peñas, asociaciones vecinales y entidades de todo tipo se encuentran detrás de la organización de este evento.

Las agrupaciones se dividen en cuatro modalidades:

– Coros. Son agrupaciones que deben interpretar su repertorio a tres voces, acompañadas de guitarras, laúdes y bandurrias y con un máximo de 35 cantantes y una decena de músicos

– Comparsas. Interpretan su repertorio a dos voces, como mínimo, acompañados de bombo, caja y un máximo de tres guitarras. No deben sobrepasar los quince componentes.

– Chirigotas. Cantan a una voz, con un máximo de doce cantantes sacando el tono con el pito de Carnaval.

– Cuartetos. El número de cantantes es de un mínimo de tres y un máximo de cinco. Lo más genuino del cuarteto es la parodia.

Comienza el Carnaval

El viernes comienzan las fiestas de manera oficial con el pregón, que dará paso en una céntrica plaza del casco antiguo a la proclamación de la Diosa del Carnaval y de las Ninfas. Un día después se entregan los “Antifaces de Oro”, con la que se homenajea a aquellos “veteranos” que hayan mostrado su apoyo en defensa de estas fiestas.

El domingo es el día elegido para que los coros den a conocer su repertorio en los alrededores del Mercado Central para dar paso a la Cabalgata, que recorre la avenida de entrada a la ciudad. El día culmina con los fuegos artificiales disparados desde el Castillo de Santa Catalina.

Durante toda la semana siguiente se desarrollan los concursos de disfraces que tienen lugar en distintos puntos.

La fiesta de la imaginación

No los podrás encontrar en una tienda al uso: los disfraces que se pueden ver en Cádiz demuestran las muchas horas de imaginación dedicadas por vecinos que preparan el Carnaval durante todo el año. A destacar también las letras, siempre irónicas y vinculadas estrechamente a la realidad política y social, que se pueden escuchar en las canciones entonadas durante las fiestas

Fin de fiesta

Después de diez días marcados por los disfraces, las chirigotas, las murgas y las comparsas el Carnaval, la fiesta con más humor e ironía de todo el año, se despide rodeado por plañideras que lloran a mares ante el ataúd de la difunta sardina

Don Carnal versus Doña Cuaresma. Como si de un combate de boxeo se tratara la diversión, la ironía, las máscaras y los disfraces se impusieron en febrero a la austeridad de la que hará gala el mes de marzo con la llegada de la Semana Santa.

Pero todo lo que empieza tiene un final y eso fue lo que le pasará al Carnaval, que se irá con la música a otra parte contando los días que le quedan hasta el próximo mes de febrero, cuando Don Carnal vuelva a reinar de nuevo. Cádiz se despedirá de las fiestas con todos los honores y como marca la tradición, con el clásico entierro de la sardina. El cortejo fúnebre más irónico y mordaz jamás conocido volverá a recordar a todos que lo bueno se acaba, que hay que decir adiós al tiempo de la diversión para dar paso al reinado de la austeridad y los ayunos propios de la Cuaresma.

Gastronomía

No se puede ir a Cádiz durante los Carnavales sin visitar tres rincones de la ciudad, el Barrio de la Viña, el Barrio del Mentidero y la Plaza de San Francisco, donde merece la pena degustar los típicos Erizos, Ostiones y Pestiños. Además es casi seguro que se pueden oír en primicia a algunas agrupaciones que participarán en el Concurso de Agrupaciones Carnavalescas.

Tampoco hay que abandonar Cádiz sin probar las tortillas de camarones, los langostinos, las papas aliñás, todo ello regado con la manzanilla de Sanlúcar.

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febrero 7, 2010 Posted by | Escapadas, Viajar | , | Deja un comentario

León y su catedral

León, a caballo entre las tierras gallegas y asturianas y la ancha Castilla, es una provincia de contrastes en la que las montañas se diluyen en los llanos, y los bosques abandonan su espesura para dejar paso al cereal. A orillas del río Bernesga, la capital de la provincia leonesa atesora la historia y la grandeza de un pasado milenario; dos mil años de vida, veintitrés reyes y una larga tradición militar, eclesiástica y señorial, dan forma a la historia de esta acogedora ciudad, en el corazón mismo de la ruta que conduce hacia el Apóstol Santiago.

Los orígenes de la capital leonesa se remontan a los tiempos de la Hispania romana. A finales del siglo primero de nuestra era, el Emperador romano Galba instaló en estas tierras a la Legión VII Gémina de Roma, con el fin de detener el empuje de cántabros y astures. Junto al campamento militar fue creciendo un poblado de civiles, artesanos y mercaderes que encontraron en este enclave un asentamiento definitivo, en el que se construyeron termas, templos paganos y villas de recreo, que dieron origen a la ciudad de León.

Según contaban las crónicas de los peregrinos que se dirigían a Santiago, León era la ciudad ‘llena de todas las felicidades’, en la que terminaba la octava etapa citada en la ‘Guía del Peregrino’ del Códice Calixtino.

Asentada en una vega rodeada de huertos, arboledas y prados, esta ciudad conserva un importante patrimonio histórico-artístico. En la actualidad, su trazado está formado por el antiguo recinto medieval y la ciudad moderna, que se extiende a lo largo del Bernesga. Esa antigua tradición de dar posada al viajero y hospital al peregrino se mantiene viva en la memoria del leonés, recio y hospitalario, que no duda en enseñar las bellezas de estas frías y soleadas tierras, siempre al abrigo de su más hermosa dama: la catedral.

Un recorrido por la ciudad

El recorrido por la ciudad se puede iniciar en la plaza de Santo Domingo, centro neurálgico de León, donde va a morir el casco antiguo y que sirve de arranque al ensanche moderno y comercial de la capital.

Esta plaza debe su nombre a un antiguo convento ya desaparecido y a ella se asoman notables edificios de principios de siglo. En sus aledaños se encuentra la iglesia de San Marcelo, del siglo X, aunque reformada en el XVI; este templo está dedicado al patrono de la ciudad, un legionario llamado Marcellus, degollado en el 298 por convertirse al cristianismo.

La vecina plaza de San Marcelo, popularmente ‘de las palomas’, aglutina otros monumentos de interés, como el antiguo Ayuntamiento leonés, obra del siglo XVI realizada por Juan de Badajoz y Juan del Rivero, o el Palacio de los Guzmanes actual Diputación Provincial, suntuoso alcázar renacentista mandado construir por esta familia noble que, junto a los Luna, fue una de las más influyentes y poderosas de la ciudad.

Pero quizá el edificio más emblemático de esta zona es la Casa de Botines, uno de los pocos que el arquitecto Gaudí proyectó fuera de Cataluña. Este hermoso edificio, de inspiración medieval y resuelto con un inconfundible estilo modernista, sirvió en su día como negocio de tejidos en su planta baja y como vivienda en las superiores.

Abandonando la plaza de San Marcelo , encaminamos nuestros pasos hacia la popular ‘Calle Ancha’, una populosa vía recorrida por coquetos cafés y casas señoriales que conduce directamente a la amplia plaza que sirve de marco incomparable a la catedral de Santa María de León.

Pulchra Leonina

Joya universal del arte gótico clásico que se impuso en Europa durante el siglo XIII y parte del XIV, la catedral leonesa es conocida con el apelativo latino de ‘pulchra’ por la pureza de sus líneas, la belleza de sus vidrieras, asomadas a mínimos muros, y el armonioso equilibrio de sus alturas. Su planta de cruz latina dividida en tres naves, al igual que el crucero y su estructura, muestran la influencia de la catedral de Reims, mientras que sus elevadas agujas recuerdan el perfil del templo catedralicio de Amiens.

Emplazada junto a la antigua muralla romana, en el lugar que hoy ocupa la catedral existieron sucesivamente unas termas romanas, el palacio de los reyes Ordoño I y II, la primera iglesia mayor de la ciudad medieval, que arrasara Almanzor, y un templo románico de finales del siglo XI.

Obra confiada al maestro Enrique, a instancias del obispo Manrique de Lara, la ‘pulchra leonina’ tiene una hermosa fachada principal, flanqueada por las torres del reloj y de las campanas; en el parteluz, la venerada imagen de la Virgen Blanca, cuyo original encontramos en el interior del templo.

Visitar el interior catedralicio resulta impactante; los mejores maestros vidrieros españoles trabajaron desde el siglo XIII en el diseño de cerca de 7.000 metros cuadrados de vidrieras que recorren sus calados y verticales muros. Centenares de ventanales, óculos y rosetones con vidrieras polícromas incrementan la sensación de ligereza del templo, perpetuamente iluminado por un colorido haz de luz que hace si cabe más bella la visita.

El retablo mayor, obra de Nicolás Francés, la Custodia en plata de Enrique de Arfe, el coro, el claustro o el Museo Catedralicio, son algunas de las joyas que atesora el templo. Junto al claustro de la catedral leonesa encontramos la plaza de la Regla, antigua plaza de festejos y ventas de mercaderías controladas por el Cabildo; hoy da cobijo a un hospital que aún conserva la fachada barroca del antiguo palacio de los Marqueses de Prado en Valdetuejar.

El Barrio Húmedo

La catedral abre la puerta a una encantadora visita por el casco antiguo medieval de la ciudad, conocido popularmente como ‘Barrio Húmedo’. Este calificativo se debe a la abundancia de lugares donde remojar suculentas tapas al más puro estilo leonés en los mejores caldos de la tierra.

Plazuelas, arcadas y soportales ofrecen al visitante una de las estampas más típicas de la ciudad; por ejemplo, la Plaza Mayor, que aún conserva su empaque señorial y su tradicional estructura de plaza castellana; conocida en la antigüedad como Plaza del Pan, fue coso taurino y escenario de los fastos de la Corte isabelina.

Las angostas callejuelas del Húmedo recuerdan en el nombre el origen gremial de este barrio: Zapaterías, Azabachería, Platerías… y salpicados en minúsculos locales, con olor a rancio y buen vino, se abren multitud de figones, tabernas y mesones donde deleitarse con el generoso arte del tapeo, antesala de un almuerzo o cena típica en algún restaurante de los alrededores. Al caer la noche, la vida y la actividad no se detienen en el Barrio Húmedo; llega entonces el turno de la gente joven, que abarrota las decenas de pubs de la zona.

Rincones con encanto

Si nos disponemos a callejear por la angostas rúas leonesas, encontraremos rincones cargados de encanto y tipismo: las murallas romanas, la calle de la Rúa, la plaza de los Condes de Luna, con los restos de un antiguo palacio familiar, la iglesia de Palat del Rey, el convento de las Concepcionistas, la iglesia de San Martín, el palacio de Don Gutierre o la plaza del Grano, una de las más apreciadas y recoletas de la ciudad; de suelo empedrado, con iglesia románica y soportales adornando su entorno, en esta plaza se hacían en la antigüedad las ventas de grano. Una fuente con dos niños en el centro representa a los dos ríos que abrazan la ciudad: el Torío y el Bernesga.

Basílica de San Isidoro: joya del románico

Siguiendo las tortuosas calles del casco antiguo podemos acercarnos hasta el Jardín Romántico, un pequeño ensanche en la calle del Cid que guarda en su recogida traza todo el sabor medieval.

Desde sus inmediaciones parten numerosas callejuelas repletas de cafés exquisitamente decorados y, al fondo, la Basílica de San Isidoro. Realizada en estilo románico entre los siglos XI y XII, contiene los restos de San Isidoro de Sevilla, trasladados desde tierras musulmanas en el año 1063.

En la fachada destacan sus dos excepcionales portadas, la del Perdón y la del Cordero, con acabadas muestras escultóricas de la época. Su recogida iglesia da paso a la joya más preciada del edificio, el Panteón de los Reyes, lugar de reposo de veintitrés reyes y también conocido como la Capilla Sixtina del Románico, por la belleza y perfección de las pinturas que decoran sus bóvedas. También merece la pena visitar el museo, donde se guardan Biblias mozárabes, arcas de marfil, el Cáliz de Doña Urraca y hasta la lápida que atestigua la fundación de la ciudad de León, hace dos mil años.

El convento de San Marcos, a orillas del río Bernesga

Con el paso del tiempo, la capital leonesa fue creciendo y se crearon nuevos ensanches convertidos hoy en el centro neurálgico de la ciudad, como la calle de Ordoño II, o el Paseo de la Condesa de Sagasta, situado junto al río y convertido en una de las zonas verdes más frecuentadas por los leoneses.

Al final de este Paseo se encuentra uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, el convento de San Marcos. Casa Matriz de la Orden de Santiago en el reino leonés, fue en su día hospital de peregrinos; su construcción se inició en el siglo XVI, y finalizó en período barroco, con la intervención de Pedro Larrea, Juan de Orozco, Juan de Badajoz el Mozo y Juan de Juni entre otros. Llama la atención su monumental fachada plateresca de cien metros, profusamente decorada con medallones, columnas y pilastras.

Ya en el interior, conviene visitar la iglesia, con planta de cruz latina, la espléndida sacristía, el claustro, renacentista y barroco, y el Museo Arqueológico Provincial, que se encuentra instalado en una de las estancias. Utilizado para diversos fines a lo largo de la historia, este convento llegó a servir de cárcel a uno de los más originales genios del Siglo de Oro español, don Francisco de Quevedo. En la actualidad, se ha convertido en Parador de Turismo de gran lujo, centro de la vida social y de las convenciones y encuentros que tienen lugar en la capital leonesa.

enero 3, 2010 Posted by | Escapadas, Turismo, Viajar | | Deja un comentario

La comarca de Ribeiro

La comarca de RibeiroLa comarca de Ribeiro, dentro de la provincia de Orense en su límite con Pontevedra, ha crecido y se ha desarrollado en torno a la producción de sus sabrosos vinos. La crianza de las uvas que dan sentido a los caldos más sabrosos de la región, su cuidado y transformación han sido los vectores básicos de la vida económica, política y cultural de la zona desde hace tiempo. Esta comarca tiene más de 2.500 hectáreas de viñedos que comprenden varios municipios encabezados por la capital de la comarca, Ribadavia: Arnoia, Castrelo de Miño, Leiro, Cenlle y otros municipios que viven y respiran a través de sus deliciosos vinos. Una muestra de ello es el paisaje repleto de viñedos que caracteriza a esta comarca.

El clima de la comarca favorece la crianza de los vinos ya que la configuración geográfica resguarda las hectáreas de cultivo de temperaturas y vientos extremos que pueden estropear las uvas. Al margen de un clima totalmente favorable, la mezcla de las distintas variantes de uva, es el secreto del éxito de estos caldos. Se utilizan preferentemente las variedades que de forma natural se han criado en la comarca, aunque también se añaden algunas foráneas que dan a los vinos un toque diferente. Durante un tiempo pasado -la peor época para el Ribeiro- se utilizaba exclusivamente una uva extraña a la tierra hasta que finalmente los viticultores se decidieron a volver a las uvas propias regresando el éxito de antaño. La estrella es la llamada treixadura que es la que más se utiliza y la que aporta intensos aromas frutales y pequeñas notas florales.

Los vinos de Ribeiro se pueden tomar solos o acompañados de la exquisita gastronomía del lugar. El vino blanco, con sus matices aromáticos está especialmente indicado para el pescado, marisco, quesos suaves… En definitiva, con platos que no tengan fuerte sabor. La variedad tinta, que no es tan comercializada hacia el exterior de Galicia como la blanca, se consume mucho en la comarca como acompañamiento de todo tipo de carnes, embutidos, ahumados… En cualquiera de los dos casos, la experiencia sensorial del viajero será inolvidable en todos los aspectos.

HISTORIA DE UN VINO

La producción mayoritaria es la del vino blanco generándose muchas variedades distintas dentro de la Denominación de Origen que la comarca ostenta desde 1976, pero hasta entonces, el vino sufrió diversos altibajos. El historiador griego Estrabón ya habló del cultivo del viñedo en Ribeiro en el siglo II antes de Cristo. En el pasado la actividad vitivinícola era primordial, mientras que en la actualidad ha sido ligeramente desplazada por el sector del turismo, que también contribuye en el auge de la industria del vino. Los caldos de la región fueron mimados por todos los moradores de estas tierras, en especial por los monjes cistercienses. Fue al final de la Edad Media cuando se comenzaron a exportar los vinos fuera de España a lugares como Irlanda, los Países Bajos, Francia o América aumentando a lo largo del tiempo y del mundo hasta llegar a la época actual, cuando es uno de los vinos más conocidos del panorama internacional.

En esa primera etapa de esplendor, los caldos del Ribeiro fueron utilizados como intercambio en trueques dentro del comercio de los paños y el oro, llegando a diversas partes del mundo aún sin pretenderse. Se dice en la comarca, que algunas botellas viajaron escondidas en las bodegas de los barcos que cruzaban el atlántico hasta el Nuevo Mundo. Fue después del siglo XVI cuando la difusión y la calidad disminuyó sumiendo a la región en un proceso de crisis. Buena culpa la tuvieron las distintas enfermedades que atacaron a los viñedos, especialmente a los autóctonos.La uva de la comarca dejó de tener la calidad que tenían y disminuyeron en cantidad debido a varios factores como las guerras que España mantuvo con Europa, los nuevos focos de competencia interna, como fue Rioja, o externa, como los vinos portugueses. También influyó la emigración de los gallegos, que dejó al campo sin trabajadores para mimar los viñedos. Esto demostró una vez más que el vino y su producción ha ido oscilando a través de las circunstancias históricas y sociales y viceversa.

FIESTAS TEMÁTICAS

Una de las circunstancias que mejor reflejan este hecho es la celebración de fiestas alrededor del vino. Desde 1964, en Ribadavia se celebra la Feria Exposición del vino de O Ribeiro que permite probar los deliciosos caldos de añada. Esta fiesta tiene lugar en los primeros días de mayo y ha sido declarada como interés turístico nacional.

La celebración más destacada, que además va aumentando su importancia año a año, es la fiesta de la “Istoria” también celebrada en Ribadavia. Tiene lugar en el mes de agosto y las calles de la localidad vuelven a la Edad Media durante unos días en que los vecinos asisten engalanados como en el siglo XII.

CONOCER LA TIERRA

A pesar de que Ribeiro es conocida en el país y fuera de sus fronteras por sus vinos, la comarca tiene muchos más encantos entre sus calles, sus campos y las gentes de sus pueblos. Sin duda, Ribadavia tiene una visita imprencindible ya que desde antaño ha sido el centro de la comarca. Los nobles, como los Sarmiento, dejaron su huella en multitud de edificios de gran belleza como el Pazo de los Condes en plena plaza Mayor del municipio o el castillo que lleva el nombre de los Sarmiento. Junto al castillo se pueden encontrar los restos de la antigua muralla que protegía a la ciudad a partir del siglo XIV.

Las edificaciones religiosas de los siglos XII y XVI, como las iglesias de Santa María Magdalena o la de Santiago, o las edificaciones construidas por los judíos durante su larga estancia en la ciudad merecen una visita para conocer las costumbres. Hay que destacar la Casa de la Inquisición construida en el siglo XVI con los escudos de varias familias de Ribadavia relacionadas con la oscura institución. Además, el viajero puede observar la iglesia y el convento de Santo Domingo, construidos en el siglo XIII y con una combinación entre el románico y el gótico, además de elementos barrocos. Las instalaciones del convento, que fue uno de los centros más importantes de dominicos en Galicia, son actualmente utilizadas como residencia de ancianos. En la villa también se asentaron los franciscanos y dejaron su huella en el templo separado de la ciudad por el río Avia.

Ribadavia es un lugar de carácter monumental y, sin embargo, en toda la comarca de Ribeiro se pueden encontrar monumentos de interés. Leiro cuenta con dos construcciones declaradas monumentos nacionales. El primero es el monasterio de San Clodio, construido en el siglo X, que fue muy influyente en la economía de la región y decisivo en la difusión del vino de Ribeiro. En la actualidad, los viajeros pueden disfrutar del descanso en su interior, ya que es utilizado como hotel. El segundo de estos monumentos nacionales es el puente medieval de San Clodio que une las dos orillas del río Avia y fue erigido en el siglo XV. Dos siglos más tarde y cercano a este puente, se levantó el Pazo Viña Mein que actualmente es la sede de una bodega de Ribeiro. En Leiro además encontramos varias iglesias románicas como la de Santa María de Gomariz del siglo XII, la de San Miguel de Lebosende o la de Santa María de Lamas.

En Cenlle encontramos el santuario más visitado de esta comarca, el de San Benito de Cuñas, construido en el siglo XVIII. En Beade, que en el medievo era encomienda de la Orden de San Juan de Jerusalén, se encuentra el templo de Santa María y una capilla dedicada a San Benito. Lo más destacado de Beade es el viacrucis que se encuentra entre ambos templos. Está formado por catorce cruceiros que llevan hasta el calvario. En Carballeda de Avia, Castrelo de Miño, Arnoia, Cortegada, Melón, Avión -con cientos de encantos culturales y naturales- y sus pequeñas parroquias siguen esta línea de encanto monumental sorprendiendo al viajero en cada rincón.

noviembre 16, 2009 Posted by | Viajar | , , | 1 comentario

Recomendaciones de destinos por Lonely Planet

Recomendaciones de destinos por Lonely PlanetSi eres de los que ya está planeando sus vacaciones del año que viene, la prestigiosa Lonely Planet tiene un par de recomendaciones para ti. La guía de viajes ha hecho un ránking con los mejores destinos para 2010, que conforman países tan dispares como Nepal, Surinam, Portugal, Estados Unidos y El Salvador.

El ránking publicado por la guía de viajes Lonely Planet es una recopilación de los mejores lugares y las mejores cosas que hacer de cara al año que viene. “Es una colección de destinos y experiencias que nosotros consideramos como algo que la gente realmente tendría que considerar para el año que viene”, ha señalado un responsable de la publicación.

“Sea lo que sea que te dicta tu propio estilo, deberías encontrar una inspiración en esos destinos. Te llevarán desde lo familiar hasta el más allá, tanto geográficamente como culturalmente”, ha añadido.

El ‘top ten’ de países imprescindibles para las vacaciones del año que viene son El Salvador, Alemania, Grecia, Malasia, Marruecos, Nepal, Nueva Zelanda, Portugal, Surinam y los Estados Unidos. Ni en éste ni en los ránking de ciudades o regiones a visitar podemos encontrar una referencia a España.

Lonely Planet recomienda, en el apartado de regiones, visitar Alsacia (Francia) Bali (Indonesia) Fernando de Nornha (Brasil) Goa (india) el área natural de la región de Koh Kong (Camboya) el Lago Baikal (Rusia) Oaxaca (México) el Sur de África; The Lake Disctrict (Reino Unido) y el Suroeste de Australia Occidental.

En cuanto a las ciudades, el ‘top ten’ lo conforman Abud Dhabi, de los Emiratos Árabes; Charleston, Estados Unidos; Cork, Irlanda; Cuenca (Ecuador); Estambul (Turquía); Kyoto (Japón) Lecce, en Italia; Sarajevo (Bosnia); la ciudad de Singapur en la República del mismo nombre; y Vancouver, Canadá.

noviembre 2, 2009 Posted by | Viajar | | Deja un comentario